lunes, 29 de diciembre de 2025


Yo ya no sé qué más vaya a suceder en ésta vida que transcurre, hace tiempo que la vivo al día, en ésta ya no supe de ti más, de lo que eres o serás, de lo que haces o harás, si estás o estarás, todo conjugado en pretérito imperfecto pero nada en presente o en futuro, verbos poco sustanciosos y sustantivos insostenibles.

Lo que sí sé y lo sé de cierto, es lo que le atañe única y absolutamente a tu existencia y su paso por la mía, y son éstos ecos de tí que resuenan en mí y en lo que ven mis ojos y en lo que escuchan mis oídos, en lo que sienten cada una de las fibras que tejen mi alma, ecos que suceden diariamente, sin falta y a todo momento. 

Desapareces al abrir mis ojos y apareces al cerrarlos, eres una paradoja, como el Gato de Schrödinger, estás y al mismo tiempo no lo estás, y sin embargo existes. Formas parte de mí como si te trataras de mi propio latido o la acción automática de inhalar oxígeno, una función vital e ineludible, como dijera Calamaro..."Todos los días, todos los segundos, infinitamente...en el cielo, en el suelo, en cada una de tus cosas".

Yo ya no sé qué más vaya a suceder en ésta vida, pues como dije, me la voy administrando conforme amanece. Lo qué si sé, tan cierto como que mañana y el día siguiente a ese seguirá sucediendo, es éste deseo inexorable de querer encontrarte aunque sea en otra vida, da lo mismo si es de cerca o de lejos, incluso aún si no me reconoces, da igual también si es de mañana, a media tarde o en la noche, en un mayo, marzo o febrero, pero verte y encontrarte de nuevo, aunque sea en otra vida.


domingo, 24 de agosto de 2025


-Mi abuela solía usar sus chales más especiales sólo para ocasiones que lo ameritaban, como en las reuniones de los charros cuando mis tíos asistían a algún campeonato regional; uno de ellos de seda en color azul turquesa con amarillo. A partir de la muerte de José en aquel aparatoso choque a la salida de la ciudad, donde mi abuelo atendió personalmente al lugar del accidente, nunca más volvió a asistir a alguna de esas reuniones ni jamás volvió a usar ese chal.

-Estuvo guardado casi más de 45 años hasta que llegó a las manos de Alejandrina, que con su talento, de él dio vida a un oso de peluche que se quedó Ana Paula, y un corazón que me tocó a mi, desde ahora tengo el corazón de mi abuela, cada que lo tomo en mis manos y lo acerco a mi, puedo jurar que todavía huele a ella.

-Tengo el mejor amuleto, talismán o reliquia que cualquier alquimista podría desear, desde ahora tengo en mis manos el corazón de mi abuela.




sábado, 21 de junio de 2025

-Hace unas cuantas noches pasé por tu antigua casa mientras manejaba de madrugada por la ciudad para así poder lograr dormir un poco, práctica recurrente desde hace algunos años.

Es tan raro verla ocupada por gente extraña que sólo se conocen entre si, durante mucho tiempo evitaba siquiera la cercanía con tal de no toparme con apariciones de alguien más, excepto claro cuando llevaba a lavar mi auto en aquel lugar que queda a justo 217 pasos de aquella puerta.

Ese fue el último domicilio conocido donde te ví,  te estuve ayudando a empacar de forma terrible la cristalería días antes de que entregaras las llaves del lugar. Ese breve tiempo ahí me sentí por un momento en Casa, aún con todo aquello embalado y listo para tu mudanza, me llevé de ahí unos plumones de bolsillo y un Pingüino Rodríguez de crochet.

Nunca te lo dije, pero la última noche antes de irme de viaje, pasé de madrugada por fuera de esa casa, tenías la luz prendida y la persiana a medio abrir, y aún con el riesgo de ser descubierto merodeando, te lancé un beso hacia aquella ventana que fué tu habitación.