Yo ya no sé qué más vaya a suceder en ésta vida que transcurre, hace tiempo que la vivo al día, en ésta ya no supe de ti más, de lo que eres o serás, de lo que haces o harás, si estás o estarás, todo conjugado en pretérito imperfecto pero nada en presente o en futuro, verbos poco sustanciosos y sustantivos insostenibles.
Lo que sí sé y lo sé de cierto, es lo que le atañe única y absolutamente a tu existencia y su paso por la mía, y son éstos ecos de tí que resuenan en mí y en lo que ven mis ojos y en lo que escuchan mis oídos, en lo que sienten cada una de las fibras que tejen mi alma, ecos que suceden diariamente, sin falta y a todo momento.
Desapareces al abrir mis ojos y apareces al cerrarlos, eres una paradoja, como el Gato de Schrödinger, estás y al mismo tiempo no lo estás, y sin embargo existes. Formas parte de mí como si te trataras de mi propio latido o la acción automática de inhalar oxígeno, una función vital e ineludible, como dijera Calamaro..."Todos los días, todos los segundos, infinitamente...en el cielo, en el suelo, en cada una de tus cosas".
Yo ya no sé qué más vaya a suceder en ésta vida, pues como dije, me la voy administrando conforme amanece. Lo qué si sé, tan cierto como que mañana y el día siguiente a ese seguirá sucediendo, es éste deseo inexorable de querer encontrarte aunque sea en otra vida, da lo mismo si es de cerca o de lejos, incluso aún si no me reconoces, da igual también si es de mañana, a media tarde o en la noche, en un mayo, marzo o febrero, pero verte y encontrarte de nuevo, aunque sea en otra vida.

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